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La Visita
Santiago I. Martínez Carrillo
La luz de las estrellas había sido apagada por la próxima
tormenta .
Para alguien no acostumbrado a las noches totalmente negras, el
paisaje podía tornarse aterrador; pero para mí ya no es gran cosa.
Caminé hasta la parte más alta del acantilado. El viento aún no
era muy fuerte y podría estar en ese lugar un buen rato. Necesitaba
estar sólo. La gente de estos rumbos cree en muchas cosas que los
citadinos prefieren olvidar; una de esas cosas es la razón de que yo
éste aquí.
La mar comenzó a picarse y el viento aumentó su fuerza; era
agradable sentir el poder de las agua. Escuché un aullido, pero no de
lobos, o de gatos o de algún otro animal. No era de nada vivo.
Me senté. No debería de tardar mucho en llegar. Ajusté mi
gabardina ya que el viento se tornaba más frío y no quería perder
la comodidad en mis últimos momentos.
El aullido se escuchó en los acantilados; ya estaba más cerca.
Todo hombre sabe cuando le llega la hora; y siendo ésto inevitable,
si debe de ocurrir; que ocurra.
Una figura blanca y femenina se elevó desde el choque de las
aguas. Era ella. Su canto parecía un aullido apremiante y solitario.
Por fin descansaré. Hace algunos días visitó mi casa; no le quize
decir a mi hija que ella habia venido. ¿Para qué?, Silvia esta
apunto de casarse y no era justo amargarle tan precioso día; mejor
así.
La fantasmal figura levitó hasta colocarse frente a mí; sus
pálidas vestiduras tomaron un aspecto más concreto y pude verla
mejor. Era extraño, pero no sentía miedo.
- Bien, ya éstas aquí. Estoy listo para que me lleves.
- ¿Llevarte?.- Contestó el espectro.
- Si. Estoy listo para morir.
- ¿Acaso has olvidado tus tradiciones?
- ¿Cómo?
- Yo soy una Banshee y me corresponde el deber de ir a visitar al
próximo a morir.
- Si. Tu hace tres días veniste a mi casa; pensé que aquí
estarias y he deseado ahorrarte el trabajo de ir hasta mi cabaña.-
Señalé hacia el valle.
- Hombre torpe; no has entendido aún. Yo no soy quien recoje a las
almas de éste mundo; eso le corresponde a la Parca.- Y señaló hacia
la oscuridad del valle, de donde salía un carruaje negro.- Visité tu
casa, pero no a tí.
"La visita" Copyright © 1993 Santiago I.
Martínez
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