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El Baño
Santiago I. Martínez Carrillo
El día había resultado pésimo.
Sus proyectos publicitarios habían sido rechazados,
y el automóvil se había quedado en pleno túnel de la Minerva.
Lanzó el portafolio a un sillón y se dirigió
directamente a la recámara. Ahí se quitó camisa y pantalones para
inmediatamente ir al baño, abrir la llave del agua de la regadera y
sumergirse dentro de su pequeña lluvia artificial.
Por un momento dejó que el agua cayera libremente
sobre su cabeza y rostro; luego bajó la cara y permitió a las gotas
resbalar por el contorno de su nuca.
- ¡Ah!... si tan sólo uno de los proyectos hubiera
sido aceptado...
- Eso se puede arreglar - dijo una voz de mujer al
otro lado de la cortina.
Pedro giró rápidamente, quitó con las manos los
restos de agua de su cara y abrió el plástico que servía de valla.
Parpadeó algunas veces, pero la muchacha, de escasa estatura y pelo
negro seguía mirándolo con expresión divertida.
- Vamos, no te vayas a desmayar. Odio a las personas
que se desmayan al verme.
- ¿Qué... pasa aquí?, ¿Cómo lograste entrar?....- Dijo Pedro
luchando por controlar su atemorizada respiración.
- ¿Quieres la verdad?... en fin, yo vivo en el
agua, soy una ondina.
- ¿Una qué? .- Dijo Pedro mientras cerraba la
llave del agua y alargaba una mano hacía una toalla cercana.
- Vaya si son ignorantes; pero ni modo, el deber es
el deber.
- ¡¿Cuál deber?!.- Salió Pedro de la regadera
visiblemente molesto.- Quiero que me digas cómo y para qué entraste
aquí.
- Primero tranquilízate. Cada 250 años, si a un
mortal se le ocurre pedir un deseo mientras se esté bañando, alguien
de nosotros se le aparece y se lo cumple.
Pedro salió del baño dejando a la
"ondina" hablando sola.
- ¿Qué no me vas a hacer caso?.- Le gritó la
muchacha. - Esto es bastante serio.
- ¿Serio?, claro que es serio. - Se acercó
amenazante.- Hoy tuve un pésimo día, y para acabarlo te metes a mi
casa y me quieres jugar una broma.
- Qué terco eres; esto no es una broma.
- ¿A no?, y a ver dime, ¿qué deseo me vas a
cumplir?
- Lo que pediste: "que al menos uno de tus
proyectos se acepte".
Pedro recobró algo de tranquilidad. Respiró
hondamente y fue a sentarse a una silla junto a la cama.
- A ver, déjame entenderte. ¿Dices que me vas a
cumplir el deseo que pedí?
- Vaya, por fin. Pensé que tenías algún tipo de
problema de aprendizaje.
Pedro levantó la cabeza al cielo, respiró otra vez
y continuó.
- Ok. ¿Y nada más es un deseo?... - dijo tratando
de llevarle la corriente.
- Por desgracia no. - Contestó la ondina y se
sentó sobre la cómoda. - Tendrás dos más. Pero sólo si los
invocas cuando estés bajó el agua.
- O sea que tengo que irme de buzo.
- Chistoso - bajó de la cómoda y examinó su
rostro en el espejo de la misma. - con que estés mojado basta.
- ¡Ah!; entonces sí deseo ser el amo del mundo me
lo cumples.
- No seas payaso. Y si te vas a poner así mejor me
voy.- Dijo la ondina caminando hacía el cuarto de baño.
- Oye tú. Sal de ahí.- Dijo Pedro y la siguió,
pero el baño estaba vacio.
La extraña aparición de anoche lo había puesto
nervioso.
Y aunque por la mañana estuvo a punto de entrar a
la regadera, lo pensó mejor y decidió ir a la oficina algo más
perfumado que de costumbre.
Al ir en el elevador se encontró con Jaime Alvarez:
- ¿Adivina qué?
- Vamos Jaime, no estoy de humor.
- ¡Tu proyecto fue aceptado!
- ¡Qué!,
- ¡Sí tu proyecto fue aceptado!
- Pero... ¡esto es magnífico!... eso quiere
decir...
- Quiere decir que la empresa trabajara en tu
diseño; pero tú no.
- ¿Cómo qué no?...
- Sucedió que Berta Romo, la hija del jefe, vio el
proyecto y se enamoró de él...
- ¿Me va a robar mi trabajo?
- No hables en futuro. Mejor habla en pasado.
Si el día anterior había sido pésimo, este había
resultado peor.
No sólo le habían quitado su proyecto, sino que
además había sido despedido. Cuando fue a hablar con el señor Romo
para reclamarle la acción de su hija, éste lo recibió con su cheque
de liquidación en la mano. Ahora sí, no había podido decir ni pio.
La puerta de su departamento no otorgaba ninguna
tranquilidad a su estado de animo. Y cuando se acercó a ella,
descubrió la razón. Había una nota pegada la mitad de la hoja:
"Querido Pedro:
Hemos sido novios por más de dos años, y los momentos que he pasado
contigo han sido los mejores de mi vida; sin embargo, ahora he
descubierto que no eres el hombre para mí. Yo soy una mujer muy mala,
y tu eres tan bueno y agradable... esto jamás resultaría.
Por favor no me busques...
Galia."
- ¡Sólo esto faltaba! ¡Maldición!
Agarró un florero de la mesa y estuvo a punto de
arrojarlo contra una pared, mas contuvo su disgusto y viendo que
había derramado el agua, fue a su cuarto de baño y en el lavabo lo
llenó de nuevo.
Salió del baño y colocó el florero sobre su
cómoda.
Regresó al lavabo; ahí se aflojó la corbata y
abriendo el grifo del agua, mojó su rostro con sus manos.
- Yo te quería Galia; ¿por qué me dejaste?...
desearía que regresarás...
- ¡Hecho!.- Dijo la misma joven de ayer, pero ahora
vestida con una típica indumentaria hippie.
- ¡¿Tú otra vez?!
- Simon... aquí me tienes para hacer todos tus
dreams realidad...
Pedro salió del cuarto de baño y brincó sobre la
cama cayendo boca abajo.
- ¿Por qué tan cosco jefe?... ¿qué no
chambeó?...
- ¿"Chambear"?... - dijo desde el
interior de la almohada - ¿y por qué diablos vistes así?...
- Me gustó la moda... ¿a poco no me veo bien?...
¿qué no utilizo las palabras correctas?...
- Olvídalo. Sólo desaparece.
- Nel. Tomorrow será otro día...
- Por favor deja de hablar así... - Levantó la
cabeza y ella se había ido.
Toda la mañana había estado buscando trabajo.
Hasta eso no le había ocurrido nada en especial; o mejor dicho: nada
especialmente malo. Los amigos a quienes visitó le dijeron que pasara
mañana, ya que era muy probable que tuvieran algo para él. Tenía
cinco ofertas de trabajo, y con una que funcionase le bastaba.
Se aproximó a su puerta. Por alguna razón sintió
de una manera especial ese hecho tan cotidiano.
¿Qué esperaba encontrar?.
Abrió la cerradura y entró.
Su olfato detectó cierto perfume conocido y un
ruido en su recámara le indicó donde buscar.
- ¡Pedro! - Dijo Galia vestida con una atractiva
minifalda.- Qué bueno que veniste...
Pedro se adelantó hacia ella. Estaba hermosa.
- ¿Regresaste?...
- Si, lo hice... pero sólo para traerte estas
cuentas; son las reparaciones de mi departamento, ¿recuerdas que me
dijiste que tu las pagarías?... - le puso en la mano unas facturas y
corrió hacia la puerta. - Nos vemos Pedro, que estés bien...
Pedro estaba... ¿confundido?...
De una manera automática fue hasta su cómoda.
Abrió el cajón donde guardaba sus notas y
facturas. Dejó ahí los papeles apenas recibidos, y... por un leve
presentimiento, abrió el cajón donde guardaba su reloj suizo... ¡ya
no estaba!. Corrió hacía el closet y giró la combinación de un
pequeña caja fuerte... ¡su dinero no estaba!, ¡ni su anillo de
graduación!, ¡y hasta su medalla de plata en un torneo de karate
desapareció!.
Lentamente caminó hacia la cama y se acostó en
ella.
- Vamos Pedro, no estés triste... - Dijo la
"ondina" ahora vestida de una manera "industrial".
- ¿Por qué no te vas y me dejas en paz?
- No puedo irme hasta cumplir tus deseos.
- Pues ahora estoy muy triste para pedir un deseo.-
Dijo y se puso de costado dándole la espalda.
- Pedro... no estés triste - se subió a la cama -
todo va a cambiar.
- Me siento mal... ¿por qué no me dejas sólo?
- Lo que necesitas es a alguien que te de cariño;
que te cuide. Yo sé de eso; en quinientos años de estarlos viendo
los conozco...
- ¿Cariño?... no es mala idea... - Pedro se
incorporó y se le quedó viendo a la ondina.
- Espera... eso no se vale... no... no lo pienses...
.- la ondina saltó fuera de la cama seguida por Pedro, pero ella
llegó primero al cuarto de baño y se encerró.- No... eso no... ni
lo pienses...
- Vamos dijiste que cualquier cosa...
- Si pero no.
- Déjame entrar, con un chorrito de agua tengo...
- Ni lo sueñes...
Pedro miró hacia todos lados, y descubrió el
florero de la noche anterior. Corrió hacia él y vertió todo el
líquido en su cabeza.
- Deseo... - pronunció mientras el agua caía por
su rostro.
Un segundo después la puerta se abrió.
- Bueno, quizás no fue tan malo después de todo. -
Dijo una mujer de hermosa figura y con un escotado vestido negro desde
el interior del baño.
"No Somos Iguales" Copyright © 1997
Santiago I. Martínez
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