Gárgolas

Congeladas en tensa inmovilidad, en medio de la tierra y el cielo, emergiendo teatralmente, están las gárgolas.

Demasiadas iglesias y catedrales tienen tales "adornos" en sus techos. Monstruos espantosos y de amenazador aspecto se levantan mirando al exterior, como esperando que algo suceda.

Propiamente hablando, las gárgolas son desagües de agua de lluvia ornamentales. El término "gargoyle", viene del francés antiguo "throat" (y es un hecho la relación con la palabra inglesa "gargle" (desagües) y "gurgle"). Las gárgolas medievales servían para propósitos prácticos: ellas lanzaban el agua de lluvia lejos de las paredes de piedra para prevenir el daño y la erosión.

El término "grotesco" es frecuentemente utilizado para denominarlas, pero estas son sólo figuras decorativas, específicamente seres monstruosos o fantásticas combinaciones de humanos con formas animales. Muchos historiadores creen que las gárgolas son figuras protectoras llamadas "Apotropaicas" que provienen de tradiciones paganas. Tales figuras son usadas por muchas culturas para marcar los límites de los "Témenos" o suelo santo.

En la antigua Grecia y en los templos budistas del Himalaya, al igual que en las catedrales góticas, las figuras apotropaicas invocan un poder, a veces peligroso y potencialmente difícil de controlar, para alejar al mal del lugar santo.

Las gárgolas pueden representar las fuerzas de los primigenios suplantados:

"Los dioses antiguos convertidos en demonios, reconocidos por su poder y de admirable respeto. Y al mismo tiempo, domesticados y relegados al servilismo como guardianes del templo de la nueva Fé. Las fuerzas espirituales que pueden causar temor o reverencia, son confinadas al exterior, al perímetro del sagrado lugar. Hechos a su imagen y congelados por siempre, su cara mirando al exterior protegiendo un lugar al que ellos mismos no pueden entrar".

Su atento servidor, Víctor V. F.

 

 


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