El anciano de ropa larga

La noche del 22 de agosto de 1983, Marcela Domínguez viajaba con su hermana a orillas del poblado. Marcela, quien manejaba, llevaba a sus 3 hijos de 7, 8 y 10 años. El pequeño Antonio de 8 viajaba dormido en la parte trasera del vehículo cuando el accidente ocurrió.

En el momento del impacto Antonio salió despedido por uno de los cristales. Al despertar el niño vio el accidentado automóvil al otro lado de la carretera.

A pesar de estar lastimado, el deseo de estar con su madre lo impulsó a correr, sin embargo antes de que diera el primer paso una voz a sus espaldas lo detuvo:

-No cruces, -escuchó. -Tu madre y tus hermanos están bien.

La voz provenía de un anciano de barba blanca y aunque daba una orden ésta parecía irradiar mucha tranquilidad. El le dijo que se tranquilizara, que todo estaría bien y lo invito a descansar en sus piernas hasta que Antonio se quedó profundamente dormido.

Cuando los servicios médicos llegaron Antonio dormía profundamente recargado sobre una piedra. Estaba solo. El accidente no tuvo mayores consecuencias y todos lograron recuperarse en poco tiempo. Nadie supo nada acerca del anciano que acompañó al pequeño Antonio, ni siquiera las personas que habitaban cerca del área del accidente.

Meses más tarde, el niño entraba a misa con sus primos y al pasar por una de las imágenes el niño la señaló. En ella se encontraba Jesucristo junto a un anciano, el cual algunos pintores acostumbran representar como Dios.

-¡Se parece a el! -decía el pequeño

El niño aseguraba que no se parecía en el rostro, pero sí vestía de la misma forma que el anciano que lo acompañó la noche del accidente.

-Tiene la misma barba - decía - Y se viste igual, con la ropa larga y el cordón en la cintura.

Karonte
"El que transporta las Almas...".

 

 


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